Las edades del hombre
Cuatro piezas.
Acrílico sobre madera.
110 x 220 cm.

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Las edades del hombre

Es una reflexión sobre algunas cuestiones recurrentes: el paso del tiempo, el envejecimiento, la decadencia, la enfermedad y la muerte. He usado cuatro modelos para ello, pero de algún modo son cuatro autorretratos a tamaño real: la representación de cuatro estados vitales.

La angustia "unamuniana" sobre la inmortalidad del alma está muy presente en esta serie que indaga en la relación de la parte espiritual de cada individuo con el cuerpo, el envoltorio físico y temporal que la contiene. La composición, la iluminación y la escenografía recurren, en cierta forma, al arte religioso para enfatizar el temor que me desasosiega de que nuestro espíritu desaparezca cuando nuestro cuerpo se extinga.

 

Sueños
Cuatro piezas.
Acrílico sobre madera.
110 x 110 cm.

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Sueños

Mi aproximación a la naturaleza femenina a través de las mujeres que ocupan mi vida: mis hijas, mi sobrina, mi mujer. Ellas pertenecen a ese mundo indispensable e inexplicable al que un hombre como yo asiste perplejo. Un mundo al que intento asomarme mientras sueñan, y cuyo sueño es una metáfora del universo de códigos femeninos que me resultan con frecuencia inabarcables pero que proporcionan ternura y sosiego a mi tensión existencial.

 

Septiembre
Cuatro piezas.
Acrílico sobre madera.
100 x 100 cm.
(Trabajo en proceso)

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Septiembre

Serie evocadora de la infancia. “Septiembre” son los veranos interminables, la luz tibia del atardecer, la brisa confortable de los últimos días de playa…

Mis obsesiones sobre la decadencia y el envejecimiento encuentran un refugio al principio de mis recuerdos. Ese tiempo en el que los caminos están por recorrer, todos los sueños son posibles y las certezas de la vida ni siquiera se sospechan.

 

Construcción/Deconstrucción
Cuatro piezas.
Acrílico sobre madera.
122 x 150 cm. y 224 x 150cm.
(Trabajo en proceso)

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Construcción/Deconstrucción

La serie “Construcción y Deconstrucción” es una proyección en el paisaje urbano de mis inquietudes recurrentes sobre el paso inexorable del tiempo, la decadencia y la trascendencia de nuestras acciones.

Me interesa la arquitectura más allá del urbanismo, en cuanto que sostiene el interrogante sobre lo que perdura de nuestro espíritu en nuestras acciones. El edificio es una metáfora del propio cuerpo, una segunda piel, un envoltorio que acoge gran parte de los actos que realizamos en nuestra existencia y en el que también reside, en cierto modo, nuestra alma. Surge, como nosotros, de un amasijo de material caótico e inerte al que regresa tras cumplir su ciclo vital.